martes, 9 de diciembre de 2014

Revolución Agonizante

¿Quién osa defender lo indefendible?
Todos los pensamientos se hacen cada vez más antagónicos, al sistema actual de gobierno. A cada rato un individuo decide pensar en una alternativa diferente, que garantice o que genere un clima de esperanza auténtica. Las piernas de algunos revolucionarios están como “juajuilla en quebrá”, porque sienten que el fin de la revolución está cerca; otros prefieren aferrarse a una política de estado que en su acción y resultado, ha fracasado. Pero es indubitablemente evidente lo que ha estado pasando, los resultados de este proceso no han sido los mejores y no es precisamente porque el socialismo es malo, ni ninguno de sus postulados, sino sencillamente porque existe una distancia enorme entre lo escrito y lo actuado, entre el dicho y el hecho, entre lo planteado y lo logrado, entre los números del papel y los números de la calle. La revolución en el pensamiento y en el modo de defenderse filosóficamente es realmente maravillosa pero debe ser gestada por ciudadanos que sean irreprochables, inmaculados, intachables y de transparencia ética y moral, que no sean autócratas (es decir que no tomen decisiones unilateralmente) sin consultar al pueblo; definitivamente aquí en este país creo que no hay. Y si los hubiera, estoy casi seguro que no están precisamente en el gobierno, sino en las calles. Y también estoy casi seguro que si éstos llegaran a ser gobierno también se corromperían, porque al fin de cuentas, la degradación moral del ser humano no es un asunto de dinero, ni de estatus social, ni de poder, sino del alma. Muchos de los llamados revolucionarios, nisiquera saben cuál es el significado de esa palabra, lo asumen sólo en el contexto del chavismo, sin tener el más mínimo conocimiento que, en el bloque opositor también existen individuos con profundos pensamientos revolucionarios. Erick Klein Sanabria.

domingo, 26 de octubre de 2014

Elementos naturales asociados al Arte

Las formas y texturas de los objetos son apenas pequeñas herramientas para un artista a la hora de crear, y es precisamente, porque todo cuanto existe sobre la tierra y fuera de ella, describe en el plano cartesiano, una figura o una imagen. Muchos autores han dicho que en la naturaleza predominan las formas irregulares, sin embargo, éstas, si se fraccionan, poseen formas mucho más básicas, que combinadas, hacen posible la “irregularidad”. Las formas básicas o elementales que conocemos como figuras geométricas están presentes, tanto en las más diminutas partículas de la materia, como en las más ciclópeas estructuras siderales. Los electrones de un átomo describen una línea orbital alrededor del núcleo; he aquí, una trayectoria elíptica que, en términos matemáticos, pudiera llamarse una figura perfecta. La forma misma del planeta tierra “es esférica y achatada en los polos”, el arco que forma la cuerda cuando dos niños la toman por sus extremos para jugar, es absolutamente perfecta. La circunferencia que dibujan las burbujas de jabón en el aire, invitan al artista a la generación de exclusivas obras conspicuas. Las plantas con sus inexorables simetrías en las raíces, en las hojas y en los mismos frutos, despiertan en las profundidades del ego artístico, un encuentro con la musa del canto o de la pintura, o del que escribe poesías.
Todos estos elementos convergen en un solo espacio, en un solo espectro visible, en un momento determinado, los 55 grados que la mirada humana puede ver en un instante de tiempo y los cientos de olores que el olfato puede oler en ese mismo tiempo. He aquí otro de los grandes espectáculos de la naturaleza: “Los olores”; pareciera que tuvieran vida y ofrecen al espectador una gama de posibilidades para pensar e imaginar mundos, los olores pueden traer recuerdos, imágenes, historias a la mente; también pueden alejar remembranzas o personas y son capaces de enviar información al cerebro en tan sólo un pestañar. Los animales por ejemplo utilizan sus olfatos para tomar decisiones, tanto para su sobrevivencia como para su procreación, y los humanos no están tan lejos de esta realidad, pues las fragancias o perfumes tienen un grado de atracción entre los sexos. Es inevitable dejar de mencionar la importancia que tienen los olores en la producción de obras artísticas, ya que forman, un eje transversal sine qua non en el creador más noble del planeta. Dicen que los olores tienen colores, dependiendo del perceptor que lo detecte, si esto es así, surge entre nosotros un nuevo elemento qué estudiar: “Los colores”. El mundo infinito de la colorología, o de la cromología; el color, tal como lo describen muchos científicos, posee características muy particulares. Tonos, intensidades, temperatura, textura, brillo, grados, profundidad y otras increíbles cualidades que, sin lugar a dudas, incentivan a los autores al derroche de invenciones, que por supuesto, muchas son brillantes, otras hermosas y otras controversiales. El mundo del color es el mismo mundo de la óptica, pero desde perspectivas diferentes, pues si no existiera la vista no se apreciarían los colores, claro está que hay otros factores que permiten esta posibilidad como lo es la luz y el cerebro, uno que hace posible el “verlos” y otro que los identifica y los clasifica. Cuando los pintores quieren que alguien entienda el color que ellos ven en su imaginación siempre lo asemejan con algo que ya conocemos sobremanera, como el mar o el cielo, la sangre, la hoja o sencillamente una rosa y se originan entonces nuevos nombres para designar la gran variedad de colores: verde manzana, azul celeste, vino tinto, rojo carmesí, azul marino, rosa vieja, las expresiones son del tamaño de la imaginación; tanto que podemos decir: amarillo pollito, y nuestras células cerebrales, cual “impresora virtual” programan el color en nuestra mente. Hay quienes dicen que los colores también suenan, asociando tan importante elemento, a otro no menos importante como lo es: “El sonido”. La acústica es la ciencia que estudia las características del sonido; sus peculiaridades brindan al ser humano un abanico de interrogantes que hoy en día tienen mucha tela que cortar. El sonido para los científicos es preciso, inflexible y absolutamente matemático, para los artistas es sencillamente, impredecible y elevador, con la combinación de sonidos se pueden alcanzar melodías tan agradables al oído, que son capaces de dormir a un individuo, como también despertarlo, una melodía puede causar molestias a una persona como también incentivar a los soldados a la guerra. Una combinación de sonidos puede inclusive, capturar la atención de una bella mujer, como también ahogarse en una resignación eterna. Los sonidos son intangibles, sublimes, eternos, exclusivos, originales. El oído humano sólo puede percibir una fracción de ellos, hay miles, que no los oye; y como es bien sabido, los sonidos son graves o agudos, y los que son demasiado agudos son llamados (por los científicos), ultrasonidos, y los que son muy, muy graves, son llamados infrasonidos. Ahora bien, ni los infrasonidos, ni los ultrasonidos pueden ser percibidos por los seres humanos. Y es precisamente aquí, lo más interesante de todo; existen animales que sí pueden percibir éstos sonidos y no sólo esto, sino que ellos pueden emitirlos; como es el caso del murciélago que utiliza ultrasonido para comunicarse entre ellos y para los efectos de “sonar”, ya que es un animal que no posee visión y se vale de éstas cualidades para desplazarse sin “chocar” con los obstáculos. Ahora, por el otro lado están los elefantes cuya forma de comunicación lo hacen con infrasonidos, y pueden establecer conexiones con otros parientes desde distancias muy remotas, por las características de los sonidos bajos, que poseen frecuencias de ondas muy amplias. Se pudieran escribir muchos libros con tan sólo éste particular pero no es nuestra intención, sino asociar y comparar elementos naturales con el gigantesco mundo del arte.  Erick Sanabria

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Por qué pensamos distinto?


¿Por qué pensamos distinto?

Los seres humanos estamos dotados de muchísimas cualidades que nos ubican en el mundo, como individuos superiores a cualquier vida en el planeta. Hablamos, reímos, soñamos, disfrutamos, pero sobre todo pensamos. Y pensar es una cualidad que nadie puede omitir, que nadie puede ignorar; porque hasta los que tienen alguna enfermedad de la psiquis, también piensan, sólo que lo hacen a su modo, y desde un plano realista diferente. Pero si bien es cierto que todos tenemos la fortuna de pensar, no todos pensamos igual. Podemos estar observando la misma escena, desde un mismo lugar, con las mismas condiciones climáticas, temporales y anímicas que se pudieren; sin embargo, la opinión y el análisis que surgen de los observadores, (con toda seguridad) serían diferentes. Esto origina una pregunta inexorable, ¿Qué nos hace pensar distinto? Algunos estudiosos de la materia, nos han propuesto “la individualidad” cuya esencia se presenta en la vida misma, cuando por alguna fuerza sobrenatural se origina.

Ese instinto que posee cada uno de los espermatozoides de un semen humano, de alcanzar el óvulo materno, esa insistencia por querer ser el primero en estar dentro, me hace reflexionar que el pensar, pudiera estar en conexión con el instinto. Es decir, los seres humanos pensamos por instinto, o podemos decirlo de otra manera, poseemos el instinto de pensar. Ahora, este instinto nace, simultáneamente con la vida y se va desarrollando tal como se desarrolla su ayo, que es el cerebro. Si la vida es individual, si los instintos son individuales y los cerebros son individuales, entonces los pensamientos también lo serán. Este sería el camino más fácil de explicarlo, pero sobre este camino inciden otros factores que influyen notablemente en la unilateralidad de los pensamientos.
El primero de ellos sería el “entorno y la formación”. Aún cuando alguien piense que estos factores deberían tratarse por separado, los estudiosos de la pedagogía (que es la ciencia que estudia el proceso de enseñanza y el proceso de aprendizaje en niños) opinan que el entorno y formación deben estar siempre de la mano, porque sencillamente el entorno es parte de la formación y se caracteriza por lo que es tangible e intangible que rodea al individuo. Pudiéramos dar algunos ejemplos para comparar lo expuesto, en el plano real o social. Tendríamos el caso de una familia de bajos recursos, de tres hijos y dos hijas. Éstos criados con padre y madre presentes en todos los momentos de sus vidas. Son tratados de la misma manera, sus consejos fueron los mismos, se les compraron las mismas cosas (calzados, ropas, comidas, etc.) se pudiera determinar que tendrían el mismo entorno y la misma formación, pero no es exactamente así. Si fuésemos un poco más exigentes en el ejemplo y comenzáramos a exagerar, proponiendo que tuvieran los mismos maestros de escuela, que vistieran de la misma manera, que todos fueran quintillizos, que tuvieran el mismo nombre y que se les cortara el pelo del mismo modo. Aun así sus pensamientos fueran diferentes, creo que es por aquello de la “individualidad” que está presente en el plano mental de los seres humanos. Allí se explica cómo hay familias que tienen características parecidas a las mencionadas y cada hijo o hija se dirige por un camino diferente. A veces, existen casos muy particulares, como hijos que llegan a ser muy buenos profesionales y sus hermanos delincuentes.

Estos factores de la formación y el entorno, aún cuando son influyentes, no incide en la individualidad del pensamiento. Pereciera que hubiera algo más allá de lo natural, que nos habilita para pensar diferente y observar la misma escena desde otra perspectiva.

Con la multiplicidad de criterios acerca de un mismo concepto, se han generado innumerables doctrinas políticas, una enorme cantidad de religiones y un mundo de visiones filosóficas; que por bien o por mal enriquecen la intelectualidad del ser humano. Así que, el pensar distinto no debe ser una ofensa para nadie, ni un motivo de exclusión, para alejarse de una sociedad compleja, rica de cosmovisiones y de amplia filosofía; más bien debe ser un argumento para ser parte de este mundo divergente, controversial y polémico. Porque sin duda, si no existiera la variedad de criterios y si todos pensáramos igual ¿qué monótono y banal sería este mundo; no tendríamos científicos, ni religiones a nuestros gustos.
Continuará…
Erick Klein Sanabria.